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24Oct

La Guerra de Granada 1482 – 1492

La Guerra de Granada fue el conjunto de campañas militares que tuvieron lugar entre 1482 y 1492, emprendidas por la reina Isabel I de Castilla y su esposo el rey Fernando II de Aragón en el interior del reino nazarí de Granada, que culminaron con las Capitulaciones de Granada del rey Boabdil, quien había oscilado entre la alianza, el doble juego, la contemporización y el enfrentamiento abierto con ambos bandos y que tuvo como consecuencias la integración en la Corona de Castilla del último reino musulmán de la Península Ibérica finalizándose el proceso histórico de la Reconquista que los reinos cristianos habían comenzado en el siglo VIII y por el cuál el papa Alejandro VI reconoció a Isabel y Fernando con el título de Reyes Católicos en 1496.

Los diez años de guerra no fueron un esfuerzo continuo sino que solían discurrir a un ritmo estacional de campañas iniciadas en primavera y detenidas en el invierno.

Hacia 1480, el mapa español estaba conformado de la siguiente manera: Al oeste, absolutamente neutral, estaba el reino de Portugal; al norte, convivían el reino de Navarra y el reino de Aragón; en el centro y parte del sur español estaba el gran reino de Castilla y finalmente,  al sur, el reino musulmán de Granada fundado como taifa en 1013 por el andalusí Zawi ben Ziri y que se habían convertido en el “talón de Aquiles” del dominio cristiano de la península.

Los continuos conflictos internos y las cada vez más frecuentes asperezas con sus vecinos católicos, fueron los elementos catalizadores para una convivencia insostenible.

El advenimiento al trono de los reyes Católicos (Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla) y su posterior matrimonio en 1469, unificó los distintos reinos en una alianza estratégica que deseaba expulsar a los musulmanes.

Muy pronto las relaciones cordiales entre Granada y sus reinos vecinos cambiarían. El factor fundamental, fuera del religioso, era unificar toda la España continental y hacer frente a la peligrosa expansión francesa en el Norte. Además, la conquista del Reino de Granada (que comprendía las actuales provincias de Córdoba, Sevilla, Jaén y Cádiz, y la totalidad de Almería, Málaga y Granada) representaba hacerse de un importante conglomerado de regiones cuyo potencial comercial y portuario podrían ser de enorme impulso para su atrasada economía feudal y sobre todo, harían frente al imparable avance del Imperio Otomano en el norte de África. Los turcos, dueños ya de Marruecos y apenas a kilómetros de las costas de la ciudad de Málaga (en poder nazarí), amenazaban con utilizar a España como puente para una invasión mayor, tal como habían hecho  años antes con Bizancio en el este. Por ello se entiende la importancia que tenía la unificación de todas sus tierras.

La Toma de Alhama
El 28 de febrero de 1482 puede distinguirse como la fecha de inicio de la llamada Reconquista con la toma de la ciudad de Alhama, una de las plazas más importantes del reino nazarí. La ofensiva española, a cargo del Marqués de Cádiz, Rodrigo Ponce de León, tenía la venia del representante real en Sevilla (la región limítrofe), Diego de Merlo. El ataque estaba organizado a modo de represalia por la toma nazarí de Zahara del 26 de diciembre de 1481, cuando el rey de Granada, Abul Hassan Muley Hacén, subestimando el potencial de Castilla, sorprendió a la ciudad fortificada, acabando con toda su guardia y sometiendo a esclavitud a sus habitantes.

Pero si los cristianos creían ganada la partida, realmente estaban equivocados. Abul Hassan se mantuvo a la expectativa todo el tiempo, esperando el instante oportuno para atacar.

La unión de las diversas fuerzas católicas apagó momentáneamente hasta las voces disidentes de los musulmanes de Alhama, que esperaban con ansias la victoria de Abul Hassan. Fernando II, creyendo que era el momento oportuno para ejecutar ataques mayores, lanzó su ejército hacia la conquista de la ciudad de Loja, en la encrucijada Antequera-Granada.

No obstante, muy pronto se observó que una de las mayores debilidades del enemigo, las disensiones internas, aflorarían en los momentos menos oportunos. Justo cuando la victoria estaba a punto de consumarse, Abul Hassan es notificado que su hijo Boabdil o Muhammad XII, apodado el “chico” o “el desdichado”, había aprovechado su ausencia para tomar el trono. Abdul, furibundo por la noticia, parte de inmediato a su encuentro pero al llegar nota que su posición es delicada y prefiere huir.

El golpe de Estado significa para los cristianos un oportuno tiempo de refresco mientras reorganizan su ejército; todo lo contrario para el defenestrado rey, que debe de buscar auxilio en el Palacio de su hermano Abdullah El Zagal, en la actual Málaga.

La incierta y debilitada posición de ambos da lugar a una serie interminable de pequeñas reyertas y hechos de violencia diarios. Las fronteras entre ambos, casi inexistentes a causa de tantos problemas, no pueden ser aprovechados por ninguno de los bandos, exhaustos por las bajas sostenidas.

Conociendo perfectamente la dimensión de las modestas arcas españolas, el papa Inocencio VIII inicia un llamado de apoyo a la causa española, intensifica la labor de la siniestra Inquisición (a cargo del terrible Tomás de Torquemada) y destina los recursos de la Bula de Cruzada (impuesto para la lucha religiosa) como ayuda financiera en las guerras contra el reino nazarí de Granada.

Con Boabdil ya en el trono, y sin posibilidad de recuperarlo, Abul Hassan encuentra en el apoyo de su hermano El Zagal, un remedio a sus problemas. Además, les une la misma lucha contra los cristianos y unen sus ejércitos pensando en una mejor ocasión.

La noticia de los éxitos de El Zagal en la campaña de la Sierra de la Ajarquía contra las tropas del Marqués de Cádiz, promueve la envidia de su sobrino y rey de Granada, Boabdil, quien organiza un ejército de 9,000 hombres y 700 jinetes y se puso en camino con intención de tomar Lucena, al noroeste de Loja, pero cuando se hallaba a punto de cercarla, fue atacado  sorpresivamente por Diego Fernández de Córdoba, el Conde de Cabra, resultando derrotado y capturado.

Al descubrir el Conde la identidad de su prisionero y notificados al efecto los Reyes Católicos, éstos se trasladan al sur reuniendo en Córdoba un consejo de Guerra que le impone al vencido las siguientes sanciones: Una tregua de dos años, el pago de 12,000 doblones en oro anuales, el paso de tropas españolas por su territorio cuando aquellas hicieran la guerra a su padre y a su tío, y por último, entregaría como rehén a su hijo. Tan humillantes términos, incluso hasta para los propios católicos, son aceptados por Boabdil quien prácticamente, se convierte en un vasallo católico.

A partir de entonces y sucesivamente, caen Ronda (mayo de 1485), Marbella (sin combatir), Loja (mayo de 1486), gran parte de la Vega de Granada (fortalezas de Íllora, Moclín, Montefrío y Colomera), y la propia Málaga (19 de agosto de 1487). Esta plaza era especialmente significativa por ser el principal puerto y por la reducción a esclavitud de la mayoría de sus 8.000 habitantes. Después de la caída de Baza (1489), El Zagal (que venció a Boabdil en la lucha por el trono) se rindió y entregó a la Corona de Castilla las ciudades de Almería y Guadix.

La campaña final comenzó en la primavera de 1491 y concluyó el 2 de enero de 1492 con la entrada de los Reyes Católicos en la capital. El reino se integró finalmente a la Corona de Castilla, pero es de valor apuntarse que no todos sus habitantes recibieron igual trato. Los de la ciudad de Granada y su tierra aledaña se beneficiaron de las condiciones favorables, acordadas en la rendición de Boabdil, que se resumían en el respeto a sus bienes, a sus creencias y a sus usos sociales; pero a los restantes se les impuso la ley medieval de los vencidos. Sus tierras fueron repartidas entre los nobles y municipios que habían sufragado la guerra, y sus personas quedaron sometidas a la servidumbre o a la esclavitud. El reino de Granada y la presencia musulmana en España, habían concluído.

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