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7Nov

La Poesía Judía en el Reino de Granada

En los tiempos del Reino de Granada los judíos convivían con los árabes en perfecta armonía.

Era la Granada exquisita y tolerante de los Reyes Nazaríes que supieron engalanarla como a una joya prodigiosa con torreones espléndidos y primorosas taraceas, que tenían por verde marco esos maravillosos jardines árabes cautivos entre patios, muros y arcadas. Cúpulas y yeserías, columnas y arcos, mosaicos y artesonados, bordaron la belleza incomparable del Mirador de Daraxa, de la Torre de Comares, del Patio de los Leones.

Y por doquier, el regalo cristalino del agua, el agua de la Alhambra. Los surtidores brotan entre las qasidas de Ibn Zamrak (1333-1393), que ornamentan los muros y circundan las tazas marmóreas de las fuentes. En Granada el sonido del agua es tenue, melódico, susurrante…Fue aquélla la época dorada de los israelitas, que estuvieron siempre en pie de igualdad con los musulmanes.

Poetas judíos de lengua y concepción árabe

La poesía judía en el Reino de Granada tuvo en Moshé Ibn Ezra (c.1055-c.1138)  a uno de sus principales referentes.  El granadino escribió el más importante tratado de teoría poética judía en árabe, llamado Kitãb al-muhãdara wa-l-mudãkara (‘Libro de las conversaciones y de las evocaciones’). Ibn Ezra es considerado por muchos judíos como el mejor poéta hebreo. Sus poemas seculares se recogen en dos obras: en Tarshish, y en la primera parte de su Diwan.

Como otros grandes poetas de su época (entre los que se encuentran grandes rabinos y eruditos de la época, líderes de la comunidad como Ibn Gabirol, Samuel ibn Nagrella o Yehudah Halevi), Ibn Ezra cultivó la poesía homoerótica, género que era habitual tanto entre los poetas hispanohebreos del “Siglo de Oro” de la literatura hispanohebrea como entre sus coetáneos musulmanes.

La mayor parte de las 220 composiciones sacras de Ibn Ezra se encuentran en el majzor, el tradicional libro de oraciones judío para el Yamim Noraim, el Rosh Hashanah (Año Nuevo judío) y el Yom Kipur (Día del Perdón). Estos poemas de penitencia, o selichot, le valieron el apelativo de HaSallach.

Su intención es invitar al hombre a buscar en su interior, representando la vanidad de la gloria mundana, la desilusión que debe ser experimentada por los hedonistas, y el inevitable juicio divino.  A diferencia de sus predecesores, Ibn Ezra comienza su narración de la historia bíblica con la entrega de la Torá, no con la creación de Adán.

En cuanto a la figura de Yehudah Ben Samuel Halevi, filósofo y médico judío español y uno de los poetas judíos más excelsos de la literatura hispanohebrea, fue el inventor del género siónida, expresión de amor por la Jerusalén lejana y su obra poética fue tanto religiosa como profana.

Está considerado como el mejor poeta medieval en lengua hebrea. Su obra poética es muy extensa, inspirándose en los temas más variados: el amor, la amistad y el mar.

Del Diwan, escrito en Toledo se conservan panegíricos, cantos de boda, elegías y composiciones autobiográficas.

La facilidad de improvisación poética, la hondura del pensamiento y el profundo amor al judaísmo son sus notas más características.

Su principal obra es el llamado El Kuzarí es decir, Libro de la prueba y del fundamento sobre la defensa de la religión menospreciada, (1130-1140) traducido al hebreo por Yehuda ibn Tibbon,  en la que el despego por la filosofía está patente y en la que ante el rey de los jázares defienden sus creencias respectivas un filósofo, un cristiano, un musulmán y un judío, que será el que logre convencer al rey. Responde al ambiente polémico religioso medieval y es una defensa de la religión judía, un canto de su excelencia sobre las demás, a las que reconoce también cosas buenas.

Poeta culto, autor de una poesía lírica rica en metáforas y descripciones, donde abundan las reflexiones filosóficas y religiosas. Utiliza diversas métricas y estrofas. Son famosas algunas de sus jarchas profanas escritas en el naciente romance, entre las que destaca El Quesudá o Himno de la creación:

¡Dios mío! ¿Con qué te compararé,

si semejanza no hay en ti?

¿Con qué te asimilaré,

si toda forma es estampa de tu sello?

Enaltecido estás sobre toda potencia,

y te sublimaste por encima de todo pensamiento.

¿La palabra de quién te ha contenido?

¿Y la lengua de quién te ha comprendido?

¿Acaso habrá corazón que te haya alcanzado

y ojo que te haya divisado? (Himno de la Creación, I, v. 1-10)

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